Un accidente de tránsito, un asalto e incluso los conflictos familiares pueden ser fuentes de estrés para cualquier persona. Sin embargo, para un paciente con cáncer, una situación así puede significar mucho más. Investigadores norteamericanos no sólo comprobaron que el estrés vuelve el cáncer más resistente y agresivo, al punto de duplicar su propagación, sino que especificaron el mecanismo mediante el cual esto se produce.
Según el estudio, realizado en células humanas de cáncer de ovario, las culpables son las hormonas del estrés que protegen a las células cancerosas de su muerte, potenciando su proliferación.
Esta es la primera investigación que muestra evidencia biológica de que el estrés está involucrado en el agravamiento del cáncer. "Comparado con otros factores vemos que en condiciones de estrés crónico aumenta de 2 a 2,5 veces el crecimiento de los tumores", dice a La Tercera Anil Sood, investigador del Centro del Cáncer de la Universidad de Texas y autor principal del estudio publicado en la revista Journal of Clinical Investigation.
No es todo: el experto agrega que en etapas avanzadas del cáncer el efecto sería aún más agresivo.
Hormonas y cáncer
Frente a situaciones de estrés, el organismo responde a través de la glándula suprarrenal, la que libera una serie de hormonas, entre ellas la adrenalina y la noradrenalina, las que elevan la presión arterial, la frecuencia de la respiración y los niveles de azúcar en la sangre.
Lo que los científicos descubrieron es que estas hormonas también activan una proteína llamada quinasa de adhesión focal (FAK), una sustancia que ayuda a las células cancerosas a esquivar su muerte programada, manteniéndose vivas por más tiempo, incluso desligadas de la matriz que las rodea. Una condición clave, pues una célula normal sólo puede sobrevivir adherida a su entorno.
"En el proceso de propagación del cáncer, las células deben desligarse del órgano al que pertenecen para poder viajar, ir a otro órgano y producir la metástasis. En este aspecto, las hormonas del estrés proveen un mejoramiento de la habilidad de las células de cáncer para esparcirse", explica Sood.
Según Carlos Ferrada, cirujano oncólogo del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, el organismo tiene sistemas de defensa natural contra la aparición del cáncer que serían desactivados por las hormonas del estrés. "En este caso, los mecanismos de defensas no actúan y hacen que el cuerpo no detecte como extraña a la célula cancerosa, por lo tanto, no la elimine y la enfermedad se desarrolle a partir de ella", detalla el especialista.
La duda que surge es si este mecanismo se repite en otros tipos de tumores malignos. "Es muy probable, lo que nos permitiría sentar un precedente general en los diferentes tipos de cáncer", indica Sood, quien agrega que, de todas formas, este hallazgo ya permite intervenir a estos pacientes con terapias o medicamentos, para reducir el estrés y sus efectos adversos sobre su salud.
El gen protector
Un estudio de la Universidad Rockefeller logró identificar al gen BDFN como uno de los involucrados en la respuesta del organismo frente al estrés. Los científicos estudiaron la respuesta de ratones ante situaciones de estrés: mientras aquellos ratones que portan dos copias de este gen no mostraron secuelas en su cerebro luego de estar sometidos a estrés crónico, los roedores que tienen una sola copia del gen mostraron una reducción en el tamaño de sus neuronas y en el volumen total de su cerebro. "Los resultados sugieren que el BDNF es una de las proteínas que desempeñan un papel en la mediación de la plasticidad del cerebro", dice Bruce McEwen, autor principal del estudio.
FUENTE: http://diario.latercera.com/2010/04/13/01/contenido/16_23909_9.shtml
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